El vacío al que alude este proyecto se aproxima al concepto budista de Śūnyatā,
entendido como interdependencia, impermanencia y apertura.
El vacío es aquello que permite que las formas aparezcan,
se transformen y desaparezcan; no es un fondo pasivo,
sino una condición activa de lo real.
Las telas pintadas funcionan como límites flotantes.
Suspenden la distinción entre dentro y fuera,
y generan un espacio de interpenetración entre fondo y forma.
El negro de la tela sostiene la imagen,
y la pintura se mantiene en un estado de respiración compartida con su soporte.
Como señala Pascal Quignard,
hay imágenes que nunca veremos:
nuestro origen,
nuestro final,
aquello que sentimos
y que solo podemos imaginar.
La pintura se vuelve un eco de lo que falta,
un espacio donde emerge lo que aún está en instancia.
Cada capa,
cada apertura,
cada interrupción
es un instante de aparición.
El trabajo pictórico se articula a partir de capas,
pliegues,
huecos,
cortes
y rupturas sutiles.
Estas capas responden a una lógica de veladura:
funcionan como velos que insinúan
y dejan pasar,
manteniendo lo anterior en estado latente.
Cada estrato conserva memoria del anterior
y abre la posibilidad de una aparición distinta.
Aunque el cuerpo no está representado de forma explícita,
su presencia recorre la obra de manera indirecta.
La escala de las telas,
su disposición en el espacio
y la distancia entre ellas
generan un campo de orientación corporal.
El espectador entra en un recorrido fragmentado:
lo visible cambia con el desplazamiento,
la luz modifica lo que se revela,
y la mirada se ajusta constantemente
a un campo inestable.
El cuerpo se activa
en ese intervalo
entre proximidad y pérdida,
entre reconocimiento y desajuste.
Estas obras están concebidas como una instalación,
distribuidas en el espacio,
de modo que la experiencia depende
del desplazamiento del espectador
y de las relaciones que se establecen
entre las distintas piezas.
La pintura se expande
más allá de la superficie de la tela,
prolongándose en el espacio,
en la sombra
y en el movimiento del espectador.
…límites flotantes…
entre
fondo / forma
visible / oculto
→ umbral
capas como velos
que no cubren
que insinúan
algo
sutil
inasible
leve
como el gesto
antes del gesto
¿lo viste?
Ya no está.
Acrílico sobre lona.
210 × 160 cm.
2025.
Planos,
que rozan
el silencio,
colores,
que flotan,
que caen
como memoria líquida,
una capa.
y otra.
¿es el cuerpo
el que aún respira
entre ellas?
gesto suspendido,
huella
en lo inmóvil,
la pintura
no muestra,
señala
una frontera leve
entre ver
y presentir,
capas
que velan,
lo sutil,
lo invisible,
Lo que apenas
se deja tocar.
Acrílico sobre lona.
220 × 160 cm.
2025.
Es una invitación a mirar sin nombrar,
a sentir sin dividir,
a estar con lo que es,
antes de que la mente lo capture.
Acrílico sobre lona.
210 × 160 cm.
2025.
Pliegues de color,
el vacío me envuelve.
Luz sin frontera.
Acrílico sobre lona.
33 × 33 cm.
2025.